Martina llegó a casa al mismo tiempo que Susi, pero, -cosa rara en mi-, la mantuve en su caja original hasta hace pocos días. Por algún motivo me daba pena sacarla, y a la vez me parecía mal tenerla encerrada. Así de contradictoria soy.
Al fin llegó la hora de ver el mundo exterior. ¡Caja abierta!
La carita de estas Leslys de comunión es muy graciosa. Mi Martina tiene las cejas y los labios un poco fuera de su sitio. La verdad es que no me fijé, ya que estaba muy ocupada en cerciorarme de que los ojos eran del mismo tamaño. Creo que no se las voy a retocar. Más que nada para que sea algo diferente a su gemela.
Estas Leslys las fabricaron en China, y si no me equivoco el pelo es de la misma calidad que usan para la Nancy New. Por cierto, el peinado que llevan es desastroso. Parece que les hayan cortado el pelo con una cizalla de podar setos.
Los que tengáis esta muñeca ya sabéis que los zapatos le van grandes, aunque con calcetines le ajustan mejor. Yo les he hecho unas plantillas de goma eva y asunto resuelto.
No soy nada aficionada a los vestidos de comunión, pero este lo encuentro gracioso. Las telas están bastante bien, y me gusta el detalle de la puntilla que rodea la parte alta de los bracitos. No he hecho foto de las braguitas, que son sencillas, pero, a mi me parecen muy bonitas.
Como era de esperar, la niña va equipada para la ocasión con crucifijo, pendientes y limosnera.
Y aquí está mi Martina tras una sesión intensiva de rulos para domarle los pelajos que traía, y un cambio de vestuario.
El vestido que lleva no es funcional. Digo esto, porque está confeccionado con un retalillo de tela tan exiguo que mi pobrína no puede casi ni separar las piernas para caminar. Es lo que tienen mis aprovechamientos textiles.
Ojalá Famosa vuelva a reeditar alguna Lelsy en el futuro. Me gustan tanto estas muñequitas que no me importaría traerles una hermanita nueva...o dos; o tres...ainsss!



























